Espiritualidad Misionera
REUNION DEL 25 DE AGOSTO DE 1993
A estos doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella, si no la merece, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratados menos rigurosamente que esa ciudad. Yo los envío como a ovejas en medio de lobos; sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
(Mt. 10, 5-16)
1- El motivo fundamental por el cual nos comenzamos a reunir los Misioneros en San Nicolás, es tomar conciencia de que somos enviados por Dios a una misión y crecer en la capacidad apostólica, a través de los caminos propuestos por la Virgen, para llevar a todos la Palabra de Dios; así el Señor será conocido, su Palabra asimilada y sanará el corazón de los creyentes. En resumen: para que el Reino de Dios se instaure cada vez más hondamente en toda la tierra. La Virgen dice: “Vayan por todas partes, hasta los últimos rincones de la tierra”. Lo pide Jesús en el Evangelio. Él les habla a los apóstoles, a quienes envía indicándoles determinadas cosas: no lleven más que lo indispensable para la misión; no se carguen de tantas cosas que les hagan perder de vista lo esencial: proclamar la Palabra. Llénense de Dios, de su Palabra; llénense de oración, vivan una experiencia profunda de la Palabra que van a tener que transmitir. Además no les señala un camino fácil: “Los envío como a ovejas en medio de lobos”.
Las Palabras del Evangelio suenan mal a los oídos del que está preocupado por las cosas de la tierra o en una situación de desencuentro con Dios. Las Palabras del Evangelio no son las palabras habituales de los medios de comunicación. El mundo tiene su lenguaje, que es muy distinto al lenguaje del Evangelio; por eso, los enviados a predicarlo, seremos los que vamos a pagar las consecuencias en un mundo que va a intentar desacreditar esa Palabra y, por lo tanto, procurar desacreditarnos a nosotros.
2- Jesús dice que debemos caminar hasta el fin de la tarea misionera, sin reparar en dificultades. Ya no es nuestra la Obra: es la Obra de Dios, es la Obra de la Virgen. Ella, a quien le consagramos nuestra vida, nos va indicando a cada uno de nosotros, el camino para llegar a la meta y el modo de recorrerlo. Cuanta más apertura de corazón haya hacia la Virgen, más claramente Ella podrá enseñarnos cómo quiere que cumplamos la misión. La Obra es de Dios y de María; nosotros somos instrumentos de esa misión, no sus dueños... Esta certeza tiene que darnos mucha paz, porque la responsable de la Obra es María, que sirve a la Obra de Dios. Ella nos va dando la fuerza y la luz necesaria para que ninguna de las dificultades sean tan fuertes que nos impidan caminar. La Obra seguirá adelante, a veces a pesar de nosotros; porque es Dios quien la quiere y la conduce. La Virgen nunca nos va a alejar de su mano: estará al lado nuestro pidiéndonos oración y ofrecimiento de todos nuestros sufrimientos y nuestros trabajos.
3- María nos enseña a entrar en las páginas del Evangelio. La presencia de María en esta Advocación se expresa de varias maneras: En el Santuario elegido por Ella, en una Imagen que la representa, en una medalla que muestra nuestra pertenencia a Ella, en el agua que es signo de purificación y de vida. Además Ella nos deja una catequesis en sus Mensajes. En ellos toca todos los elementos fundamentales de nuestra fe, en un lenguaje sencillo y profundo que nos conduce al Evangelio. Sabemos que los Mensajes nos instan a conocer la Palabra y desde el Magisterio de la Iglesia, a reelaborarla en su interpretación, y aplicarla al tiempo presente. Hay una constante interrelación entre la Palabra, la Tradición, el Magisterio y los Mensajes. La Virgen no dice cosas nuevas: la novedad importante es como la dice (como Madre) y para quién la dice: para todos los hijos que quieran escucharla...
4- La Virgen toca dos elementos claves que en este momento están en crisis: la Fe, por la que nos plantea nuestra relación de hijos con Dios; en relación es el fruto del Bautismo, que somos llamados a vivir. También la Virgen nos lleva a vivir actitudes honestas, dignas del hijo de Dios: eso no es moralismo, que es quedarse en una predicación puramente exigente, fruto de un voluntarismo. La Virgen nos dice que Ella es Madre, que Dios es Padre, y por eso, que nuestra vida debe vivirse en la coherencia que nace del Amor, dada nuestra condición de hijos. Los Mensajes tienen una razón de ser en esa dirección importantes desde el momento en que la Virgen los trasmite al mundo.
Es Nuestra Madre la que nos habla y eso es fundamental: nos habla hoy y a nosotros; por eso insiste en que conozcamos todos los Mensajes... Laurentín decía: “Estos Mensajes van a dar trabajo a muchos teólogos del futuro...” Además es una gran novedad que junto a los Mensajes la Virgen nos sugiera textos de la Palabra de Dios.
5- La Virgen no agota con su catequesis toda la enseñanza: está la Iglesia, que con veinte siglos, nos enseña como Madre a ser discípulos respondiendo al pedido de Cristo. La Virgen nos introduce en el seno de la Iglesia. Aprovechemos el Catecismo y por supuesto la Palabra de Dios, que como Madre se preocupa por cada uno en primer lugar; también somos invitados a la lectura de los Mensajes de María: pues en ellos la Madre nos va diciendo qué quiere de nosotros, ayudan a explicitar para hoy la Verdad Revelada.
No sólo nosotros debemos crecer en nuestra espiritualidad de Misioneros de María. Debemos formar a los jóvenes para que ellos también profundicen en la Palabra y el Magisterio, conducidos y alentados a ello por la catequesis de los Mensajes.
Hay que misionar, evangelizar casa por casa y llegar a las familias. Demostrarles que en este momento no están solos frente a los problemas cotidianos.
Entre nosotros también debemos ayudarnos mutuamente: Es la meta del Señor: “Sean uno como el Padre y Yo somos uno...” Y esta experiencia de unidad nace de la fe. El misionero tiene como gran objetivo de la misión buscar la unidad entre los hermanos… ¡Cuánta falta hace! Pero el Señor siempre hizo su obra con una pequeña semilla. Sintamos que somos una pequeña semilla que Dios siembra en la tierra de cada pueblo, de cada región, y que va dando sus frutos, no sin un esfuerzo generoso del misionero.
6- Enmarcado en el ámbito de la Nueva Alianza, el Misionero ofrece la propia vida, en consagración al Corazón de María, como Arca de la Alianza, mostrándola como Madre. El tema de la Maternidad es muy importante: debemos mostrarla como el camino del encuentro con el Hijo. El Misionero se pondrá al servicio de su Maternidad, en el esfuerzo de reconciliar al hombre con Dios y con los demás hombres. Es la invitación que le hará María a los misioneros, para que sean fermento de evangelización en el mundo, en la hora actual. Siguiendo con fidelidad el modo misionero que se proyecta desde el Santuario de San Nicolás, dará respuesta a la realidad y a las exigencias del hombre de hoy. Los elementos claves que se pueden ir definiendo para nuestra espiritualidad son los mismos que deben estar presentes en nuestra formación cristiana y espiritual. El Misionero tiene que estar fuertemente motivado por su relación con Dios, con elementos que no pueden faltar: Dios, Cristo, María, la Iglesia. Además hay elementos de espiritualidad propios del Acontecimiento.
7- Toda actividad evangelizadora está sostenida por una espiritualidad; es decir: por un modo propio de relacionarnos con Dios, de asentar en Dios nuestra vida, para luego dejar que se proyecte ella, desde Dios, a los demás. Como elementos propios de nuestra espiritualidad Mariana podemos señalar los siguientes:
1º- La Consagración de la propia vida al Sagrado e Inmaculado Corazón de María, con las exigencias y espíritu propio de la Consagración ofrecida en el Santuario de San Nicolás. Esa Consagración deberá ser gradualmente profundizada por el consagrado hasta el fin de sus días. Sabemos que el Padre es la meta y María nos conduce a Jesús.
2º-Una profunda vida de oración: la oración sostendrá los momentos difíciles de la vida apostólica del misionero. La oración animará la marcha ordinaria de sus tareas habituales. La oración hará fecunda la labor apostólica en los campos más variados que le toque desarrollar. La oración ejercerá una mediación intercesora en favor de aquellos a quienes estamos llamados a evangelizar. La oración producirá la creciente unión con Dios y su plan de salvación, para que cada vez más sea su voluntad la que interese y no la propia voluntad humana.
3º- Los grandes pilares que sostendrán la vida de oración de un Misionero son, en primer lugar la Palabra de Dios meditada asiduamente. Como consecuencia de la meditación de esta Palabra llevada a la vida y encarnada a nuestra vida, la participación diaria cuando es posible en la Sagrada Eucaristía: supremo momento de unión con el Señor. Es Fuente y Cumbre de la actividad de toda la Iglesia.
Finalmente, la recitación diaria de los misterios del Santo Rosario, como alabanza a la Santísima Virgen, como camino confidencial de encuentro con Ella, como meditación de los grandes Misterios de la Redención, como singular manera que María tiene para enseñarnos a conocer, descubrir, amar, e identificarnos con Jesús.
En resumen: hay cuatro Elementos fundamentales: La Palabra, la Eucaristía, el Rosario y la Consagración a María; todos estos elementos nos llevan a la conversión y a la comunión y luego a la Misión.
Se entiende que cada uno de estos elementos, al ser profundizado nos lleva a vivir todo un conjunto de vivencias no explicitadas aquí.
8- “La acción apostólica que marca el hecho mariano carismático de San Nicolás, la realización de esta Obra que María, como protagonista, ha regalado, como especial donación del Padre Celestial, exige una verdadera participación del laicado; de un laicado profundamente comprometido, formado y decidido, en lo que está de su parte, a ser “la cara de María”, con las palabras y los gestos, el clamor de los labios o el silencio oportuno; serán permanentemente predicadores del Señor, anunciadores de la Obra de Dios, que se manifiesta providencialmente a través de María. Darán a conocer el gran Mensaje de María que nos dice en el Evangelio: “Hagan todo lo que Jesús les diga”. Esa actividad apostólica tendrá múltiples facetas de realización; estarán lo más disponibles posible, a lo que la Iglesia, desde este Carisma, les solicite, como generosa donación de sus vidas.”
Recordemos que el Carisma de San Nicolás, nos enseña a vivir el Don de la Maternidad de María por el camino de la consagración y a proclamar la Esperanza frente a los desafíos actuales a través de la Palabra y el ejercicio de la Misericordia.
“Una íntima unión, desde el Corazón de María, con el Corazón de Cristo harán que la oración y el sufrimiento sean las columnas que sostengan la espiritualidad del laico misionero de María. Ello permitirá que haya quienes, sin estar trabajando directamente en las tareas apostólicas, vayan fecundando esa tarea con sus hermanos, desde la oración silenciosa y desde el dolor paciente, esperanzado, generoso como el de María al pie de la Cruz, ya que Ella, en el supremo momento de soledad y de dolor, nos engendró como hijos. También el que sufre en íntima unión con el Señor, desde este dolor y esta soledad, está engendrando vida, está engendrando redención.”
Hijos míos: Poneos en oración y confiad en el Señor; que en la oración os encontraréis con El.
Avanzad en la misión que el Señor os encomienda, no os detengáis, que el Espíritu Santo os protege.
Las glorias sean a Él.
Leed: Salmo 145, V 17 al 21
14-9-86 - Mensaje 967
|