Catequesis
  por el Pbro. Carlos A. Pérez
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Penitencia


San Nicolás, reunión del 25-04-1999


Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.
Una persona le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”.

El respondió: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que
muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante

y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta,
diciendo: “Señor, ábrenos”, Y él les responderá: “No sé de dónde son ustedes”.

Entonces comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en
nuestras plazas”. Pero él les dirá: “No sé de donde son ustedes; ¡apártense de
mí todos los que hacen el mal!”.

(Lc. 13, 22-27)

 

1- El 25 pasado estábamos hablando de la Conversión, como una actitud de permanente actualidad. Aquel que crea en su vida que ya esta totalmente convertido se equivoca. La conversión será siempre un trabajo diario, una materia siempre pendiente. Siempre podremos dar un poco más..., y debemos dar un poco más...

Alguien de ustedes me hablaba de destacar íntimamente, que el tema de la Penitencia, no es sinónimo de la Conversión pero va intensamente unido: Conversión y Penitencia.

La Conversión es el punto de partida de un rumbo nuevo en la vida; por ejemplo cuando el Apóstol Pablo es volteado del caballo, el Señor le pide que no persiga más a los cristianos, que asuma una misión nueva. Será el evangelizador de los gentiles, de los paganos, su vida se convierte a Cristo, pero se obra la Conversión, después tendrá que recorrer un largo proceso de preparación espiritual, psicológica, doctrinal, y sobre todo embeberse de Cristo hasta que llegue a decir un día: "Para mi vivir es Cristo"; es decir que debió recorrer un camino penitencial.

Entonces, el proceso posterior a la caída del caballo fue muy largo y abarcó toda su vida. Saqueo en el Evangelio, se encuentra con Jesús, se convierte y después viene la consecuencia de la Conversión: "Daré la mitad de mis bienes a los pobres, a los que robe daré cuatro veces mas...".

2- Es decir, hay una actitud penitencial, de continuo cambio interior.
La Penitencia es la que sostiene la decisión de la Conversión. La Conversión es una decisión de un momento por la gracia, pero la Penitencia nos mantiene en esa decisión, nos mantiene deseosos y capacitándonos siempre para la conversión continua.
Hay una actitud fundamental para nuestra vida: vivir todo lo que nos toca vivir en humilde actitud penitencial.
Urge la penitencia por nuestros pecados, la reparación por nuestros pecados, la penitencia que implica la purificación de nuestras vidas, y que implica consolidar la conversión.

3- Hay varios senderos que deben recorrerse en el itinerario de la penitencia:
La fidelidad diaria al Señor en aquello que el Señor nos ha dado como misión, como meta, como deber de estado. Ser fieles todos los días a las cosas pequeñas de cada día que solamente Dios conoce y también nosotros, y a veces ni siquiera nosotros pero si El, es un camino excelente de Penitencia, que nos va consolidando en la actitud de la Conversión.
Penitencia, implica arrepentimiento del pecado y deseo de estar consolidándonos en Dios desde lo íntimo del corazón, y esto está al alcance nuestro; hacer bien las cosas de cada día, y hacerlas bien, significa hacerlas por amor al Señor; hacerlas lo más perfectamente posible por amor al Señor.

Otro camino, es esa pequeña mortificación diana, que esta en nuestras manos, hacer.
De cuántas maneras podemos nosotros privarnos de algo que nos gusta, no hacer algo que quisiéramos hacer, hacer el bien cuando no tenemos ganas. Cuántas cosas hay que podemos sacrificar, sobre todo en el orden de los sentidos o del corazón. La vigilancia del corazón, la vigilancia de los sentidos, cuanta importancia tienen.

La mortificación voluntaria que nos vaya llevando a ese dominio del hombre nuevo sobre el hombre viejo que tiende por la concupiscencia a abarcar toda nuestra vida y ahogarla.

4 - En el campo de la mortificación, creo que es importante descubrir, cada uno de nosotros la tendencia que tiende a alejarnos más del camino del Señor.
Luchar entonces, para superar esa mala tendencia, haciendo crecer en nosotros, la virtud opuesta a ella.
Por ejemplo, si tengo la tendencia a ser orgulloso, debo trabajar en la Humildad; si estoy frente a un defecto dominante que debo erradicar, debo cultivar la virtud opuesta a ese defecto. Todo esto va siendo motivo de continua actitud penitencial.

La cruz que aparece, o las cruces que aparecen. Estas no las buscamos como la mortificación voluntaria pero al vida de repente pone en nuestro camino una cruz, que no es fácil de llevar; hay dos posibilidades o revelarme contra esa cruz porque me duele y porque me pesa o asumirla como parte de la Cruz de Cristo.

La cruz es un camino importantísimo que el Señor quiere ayudarnos a llevar para, como dice Pablo, continuar en nosotros lo que falta a su Pasión por el bien de su Cuerpo que es la Iglesia.
Asumir la cruz que nos toque llevar en humilde actitud penitencial.
Esta cruz yo la merezco por mis pecados, la quiero llevar también por los pecados de mis hermanos, quiero que consolide en mí el deseo de, volver a Dios, quiero que afiance en mí el deseo de la Conversión.

Y, ¿quien no tiene una cruz...?, durante toda la vida permanece la cruz de distintas maneras. Estamos sometidos a la cruz, no porque al Señor le divierta hacernos sufrir, sino porque la cruz asumida por amor es el camino del despojo del hombre viejo y nos permite unirnos definitivamente a Cristo.
Por eso nos dejamos clavar en la cruz porque allí el Señor nos ata a El, y nos desata de nosotros.

5- También se puede decir, el prójimo es un camino de Conversión y de Penitencia; cuántas veces la relación con nuestros hermanos es exigente, muy exigente y diríamos: "basta”; la tendencia a no perdonar, a no saludar...; tantas cosas hay en relación con la Caridad, que es frecuentemente herida y agredida.
Yo creo que la actitud penitencial va a exigir de nosotros estar siempre con el corazón abierto para el perdón y abierto para el amor.

Si nosotros leemos la vida de los Santos, vamos a ver que todo esto esta profundamente vivido por ellos.
El Señor nos pide a nosotros que vamos llevando el misterio de la Palabra a los hermanos, que también seamos fieles en estas actitudes penitenciales, que descubramos que la actitud penitencial, no es algo que nos amarga sino todo lo contrario, es lo que nos permite crecer.
La Penitencia unida a la Conversión es aquello que nos permite crecer en la relación con Dios, en la relación con los demás y en la relación con nosotros mismos.

La Penitencia es sacudir constantemente el polvo que se nos une a los pies, todos los días al andar el camino.
Todos los días, tenemos que estar purificándonos, y para esto es muy importante, el Sacramento de la Reconciliación, como expresión del Amor al Padre y a los hermanos.

6- El Sacramento de la Reconciliación como expresión de la Misericordia del Padre va exigiéndonos siempre a nosotros una actitud de penitencia. Cuando nos confesamos el padre nos dice: "reza como Penitencia 5 Padrenuestros o 3 Ave Marías".
Eso el Celebrante lo dice como mínima expresión, pero nos esta diciendo: "te invito a realizar en tu vida continuamente, una actitud penitencial; ya sea asumiendo lo que te llega y que no buscaste o buscando actitudes penitenciales concretas que sepas que te hacen bien a tu vida".
Creo que la Virgen que vivió tan intensamente su Inmaculada Concepción, su misterio de inmensa pureza nos lleva por el camino de la Oración, y de la Penitencia a vivir más profundamente el camino de la Consagración.

Ser consagrados a la Virgen es estar siempre, en la necesidad de crecer en esta relación con María, que es imprescindible para que en la Consagración Maria nos pueda llevar más cerca del Señor, más profundamente a Jesús.


-La Conversión, se produce a partir de un encuentro con la gracia, del alma con Dios. Conversión es cambio de rumbo, pero también consiste en encontramos con situaciones nuevas, inéditas para el alma, que no habíamos nunca experimentado y se convierten en caminos de crecimiento, de desasimiento que nos van planificando y significan nacer cada día, cada vez a un nuevo modo de vida que nos acerca a la plenitud de la entrega...
La meta de la Conversión, es La Santidad; no es un dejar de ser malos para ser medianamente buenos; estamos llamados a ser santos.

El hijo pródigo, cuando vuelve a la casa suya, la de su padre, adquiere una relación nueva con toda la familia y con todos los sirvientes, y se renueva todo. Esa actitud tiene que sostenerla, no un día, sino siempre y esto es exigente. Aquí esta la Penitencia.

-La Penitencia es una opción de Amor. Una opción que actualiza en nosotros, la vivencia de dos de los dones del Espíritu Santo, que a veces, los tenernos como olvidados, o relegados o no los pedimos tanto; son los de Piedad y el de Temor de Dios.

7- La actitud penitencial se convierte en un acto permanente de Amor, es una opción de Amor; en un introducirnos cada vez más en el Amor de Dios y dejar que el Amor de Dios se introduzca en la vida de cada uno de nosotros.

La penitencia nos permite vivir la alianza esponsal de Dios con su Pueblo, es decir, el amor de los esposos, el amor de los amigos, el amor de los hermanos, el amor del padre y de la madre al hijo y viceversa... Son todos amores exigentes por la riqueza que encierran.

¿Que es lo que hace menos exigente lo que se nos pide...?
El Amor que existe en la persona. Alguien que cuida a un enfermo, tiene muchas exigencias, pero el amor que siente por el, hace que las exigencias, no es que no las viva, sino que no le duelen.

La exigencia cuando esta vivida por Amor no duele; cuesta en todo caso humanamente, como cuesta todo, pero el Amor esta mucho más allá de la exigencia.
Me parece muy importante captarlo..., además cada uno de nosotros sabe qué pequeño detalle de nuestra vida nos hace mal, o nos hace menos bien. Entonces tratemos de sacrificar eso.
Entendido, no como una renuncia, aunque implique renuncia, sino como una donación de Amor. Esto es fundamental.

Jesús dice: "Hago siempre lo que al Padre le agrada...".
Debo buscar pequeñas cosas. El chiquito al papá..., ¿en qué lo puede agradar...?, en pequeñas cosas... Y así es la actitud nuestra, agradarlo a Dios en pequeñas cosas...

Con los años los santos se van santificando, pero a su vez ven más defectos en sí mismos... Es claro, la Luz los ilumina más y les hace ver todas las pequeñeces que antes no veían... Ojalá que maduremos con la vida, porque la maduración es un hecho psicológico, pero que no siempre esta en relación con lo espiritual; Dios nos marca un ritmo de vida, un tiempo de vida que nos permite llegar a la madurez espiritual también y eso es la Santidad.

No perder tiempo para que no se nos pierda ningún día y la madurez espiritual vaya llegando de acuerdo al crecimiento físico también...
Vemos a Jesús que, "crecía en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres...”

8- La Oración siempre será el gran comienzo ya sea para alabar a Dios, para glorificarlo, para pedirle, para suplicarle clemencia. Siempre estar en Oración.
No rezar es no saludar a mi Padre en casa todos los días. No hablar con El. Tiene que vivirse de una manera muy familiar el ámbito de la Oración, tenemos que pedir la gracia de la Oración continua, porque en esa gracia están todas las demás.

-Dios en ese sentido tiene una pedagogía muy especial; no nos da el camino fácil pero nos va invitando a caminar y nos lleva de la mano por el camino angosto. El simple hecho de caminar es sentir el peso de las dificultades, pero El se ocupa fuertemente de nosotros de tal manera que no caigamos en nada que no sea El.
Esta bien que pensemos: "qué es lo que yo puedo hacer?", pero debe surgir la confianza de saber que Dios esta haciendo en mi lo que yo sería incapaz hasta de imaginar.
Cuánta gente hay sumamente humilde que no conoce lo que estamos hablando, pero lo vive por una misteriosa acción de la gracia. Dios no se condiciona a nada, nosotros sí nos condicionamos a muchas cosas y condicionamos a Dios, pero Dios no se condiciona a nada, Dios puede en un segundo hacer un Santo de cualquiera de nosotros y gratuitamente porque El lo quiere.
Entonces tenemos que poner los medios para que la gracia se produzca, pero sabiendo que todo es gratuito.

Cuando trabajamos por el Señor con todos nuestros límites y miserias El se ocupa de nosotros; no hay duda porque es fácil que trabajando por El, sintamos la vanidad de lo que estamos haciendo.
Entonces El se ocupa por sus propios caminos de que no ocurra eso, de que esa sensación quede contrarrestada o por un pequeño fracaso, o por una crítica, o por una difamación o por lo que fuera.
Dios nos quiere para El, sobre todo cuando nosotros nos ocupamos de El, y acá hay toda una actitud penitencial que Dios nos ofrece y que debemos aceptar.
La Oración puede parecer “lo más inútil” que puede hacer el hombre, pero el hombre que no reza y está de espaldas a Dios, se convierte en lo más inútil que hay en la tierra, porque desconectado de Dios, su vida marcha sin rumbo.

Hija mía: Ayer en Lourdes, hoy aquí siempre la Madre, en busca de sus hijos.
Oración, ayuno, penitencia, y sobre todo conversión espero de ellos.
Las almas se salvaran si se asoman al Señor; si admiten al Señor.
Falta la Paz en muchas almas; busque el alma Paz y hallará a Dios.
Amén, amén.
Predica a todos tus hermanos.
Leed: Proverbios, C. 8, V 4

11-1-89 – Mensaje 1594

   
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