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La pobreza
"Felices los pobres porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt. 5,3)
"El que quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, que tome cada día su cruz y me siga". (Mt.16,24).
"El que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por Mí y por la Buena Noticia, desde ahora recibirá el ciento por uno…, y en el mundo futuro recibirá la vida eterna". (Mc. 10, 29-30).
"Los zorros tienen sus cuevas pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza".
(Lc. 4, 42-44)
1. La pobreza ha sido el marco elegido por Jesús para proclamar la salvación y anunciar en su persona la misericordia del Padre.
Toda nuestra vida será una imitación de Jesús pobre. Un proceso de despojarnos del hombre viejo para ser revestidos de Cristo.
2. Podremos anunciar el Evangelio, si estamos adheridos a Cristo pobre, amando la pobreza sin adherencias a las criaturas; de ese modo seremos testigos de que solo Dios basta y solo en Dios hemos aprendido a poner nuestra confianza, en una actitud de total abandono.
Como María, experimentaremos nuestra pobreza gozosamente, porque en esa pobreza Dios fijará su mirada de Padre y cuando nos sintamos débiles, entonces seremos fuertes porque Dios mostrará su poder en nuestra debilidad. No podríamos ser testigos del fututo glorioso que nos espera si nos apoyáramos en nosotros mismos y confiáramos en nuestros méritos y cualidades, o en las creaturas.
3. La pobreza como experiencia de misericordia hacia los demás, nos enseñará que al no tener nada que dar, siempre tendremos la gran posibilidad de darnos a nosotros mismos, como Jesús, tironeado por sus discípulos y por las muchedumbres. Cultivaremos la vigilancia de los sentidos y del corazón, para que cada vez más descubramos que una sola cosa en necesaria; de ello derivará que busquemos el reino de Dios y su justicia, sabiendo que lo demás se nos dará por añadidura.
Nuestra confianza en Dios nos hará descansar en su providencia que nunca nos ha de abandonar. Nuestro estilo de vida voluntariamente pobre, nos ayudará, en gran manera, a sintonizar con los sufrimientos del corazón de los más pobres y constituirnos en sus servidores. Como Jesús que celosamente ocultó su gloria, la que le correspondía como Hijo de Dios, evitaremos las glorias humanas que nos puedan ser ofrecidas; nos bastara lo necesario y renunciaremos por amor al Señor a lo superfluo, asumiendo generosamente las carencias y dificultades propias de nuestra condición humana, de nuestros límites, de nuestra real pobreza, que tendremos que descubrir cada día sin pretender disimularla.
4. La pobreza nos hará castos, fraternos, obedientes, generosamente misioneros, disponibles al plan de Dios. Siguiendo el modelo de la primera comunidad cristiana, pondremos en común todas nuestras cosas, y capacidades, y estaremos atentos a las necesidades de los demás.
Un estilo de vida austero y sencillo debe ser vivido de corazón y también expresado exteriormente; que nadie se sienta incómodo entre nosotros por nuestra falta de pobreza.
Evitaremos que la tendencia a lo cómodo y a lo más fácil, se nos infiltre, comprometiendo nuestro camino de fidelidad al Señor y a los hermanos; ya que el servicio es exigente.
5. Jesús fue obediente al Padre y se hizo absolutamente pobre en esa obediencia. El trabajo será vivido como expresión concreta de opción por la pobreza; nos hará vivir la común experiencia de todos los hombres y constituirá una verdadera alabanza al Señor, a quien serviremos continuamente.
6. La pobreza se convertirá en un signo claro de esperanza de los bienes eternos y por lo tanto será la respuesta más elocuente a los desafíos actuales del consumismo y de la idolatría del dinero. Nuestro corazón fue hecho para. Dios y solo en Él encontrará el descanso.
La confianza que el poderoso pone en sus bienes, el cristiano lo pone en Dios disponiéndose a servirlo con corazón de pobre.
7. La pobreza nos llevará a padecer necesidades, humillaciones y en consecuencia va engendrando la humildad. Por la humildad reconoceremos que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios y a Él sólo rendiremos culto. La humildad hace que todo el bien que podamos hacer lo atribuyamos a Dios; las obras que tengamos entre manos, son suyas y por eso no nos desanimamos por los fracasos ni nos atribuimos el éxito; en Dios ponemos la confianza y realizamos la obra que se nos ha encomendado; abandonamos todo en sus manos y colaboraremos con su gracia.
8. El pobre no se goza de lo que tiene sino de ser amado por Dios. La humildad será la base de nuestra vida espiritual y apostó1ica. Somos instrumentos inútiles aunque necesarios en el plan de Dios porque El así lo ha querido, Nosotros nos gloriaremos como el apóstol Pablo, en nuestra debilidad.
Luego de rezar, veo a la Santísima Virgen. Me dice: Hija mía, te dedicas a lo que es verdaderamente bueno para el espíritu, a orar. En la oración, se va de continuo a Dios.
La oración sostiene al espíritu, en amistad con Dios.
En la oración, se muestra la pobreza del alma, la necesidad que tiene el alma, de Dios.
La oración hace que el peregrinaje hacia Cristo, se realice con autentica alegría interior.
La oración hace que el espíritu, presente una plena disponibilidad hacia Cristo.
Amén, amén.
Debes darlo a conocer.
2-11-88 – Mensaje 1547
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