Catequesis
  por el Pbro. Carlos A. Pérez
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TEMA: NUESTRA RESPUESTA DE FE A DIOS POR MARÍA

Pbro. Carlos Antonio Pérez

 

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen, que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oir estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel de dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces:”Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó.

(Lc 1, 26-38)

 

1:La Anunciación es el comienzo de la historia de la salvación en el Nuevo Testamento; a partir de la Encarnación de Jesús en el seno de María, a partir del "sí" que María le dice a Dios todo será nuevo.

El "sí." es la única palabra que le podemos decir a Dios... Es aceptar que Dios tiene un plan sobre nosotros: es un plan salvador perfecto... No admite dudas de que más allá de lo que pueda parecer a los ojos de los hombres, ese plan es fruto de la Sabiduría eterna de Dios. La vivencia del “Sí” que le damos al Señor está absolutamente garantizada por El mismo... Cada día de nuestra vida tenemos que levantarnos y decir: “Sí, Padre", "sí, Madre"...

La Virgen en esta expresión pronuncia su fórmula de consagración:"Hágase en mí, según tu palabra"... No solamente se entrega al plan de Dios, sino que en primer lugar se entrega a Dios mismo: "Aquí está la servidora del Señor...” Para nosotros, consagrados, esto es muy importante: en primer lugar nos entregamos a El; adquirimos conciencia cada vez más clara de que somos suyos, y porque somos de Dios, estamos volcándonos todos los días cada vez con más exclusividad a su plan, a su Voluntad.

 

2:María desconoce todo lo que ocurrirá: allí está el otro aspecto del “sí”. Es la respuesta más hermosa, más feliz que un hombre puede dar a Dios. También incluye todo el sendero de oscuridad del “sí”. La fe es la certeza de que Dios no nos ha engañado. Junto con esa certeza está la oscuridad propia de la fe. Recién en el cielo veremos a Dios cara a cara, como El nos ve. En la tierra caminamos en la oscuridad de la fe. En la medida en que crece nuestra confianza, nos abandonamos y seguimos adelante. Dios en nosotros puede hacer maravillas, como lo hizo en María...

 

3:Después de la cruz, la Virgen se lleva al discípulo amado, su nuevo hijo, para enseñarle el camino de la confianza, de la entrega, del abandono: el camino de la consagración. La Iglesia nos lo enseña a nosotros hoy. El Misionero de María es, en primer lugar, alguien totalmente consagrado a Dios, en el Corazón de la Virgen, para llevar adelante un plan que Dios ha concebido; por lo tanto, es un plan infinitamente salvador, sabio y perfecto. Los modos de responder al Dios que nos habla son: la fe y la fidelidad. La fe es el acto por el cual, incondicionalmente, le decimos que sí a Dios. La fidelidad es lo que nos permite seguir creyendo y creciendo siempre. Quien se aparta de los caminos de Dios, rápidamente empieza a vivir la crisis de la fe.

La Virgen nos enseña a recorrer su camino, con la misma sencillez,profundidad, docilidad y confianza con que Ella lo recorrió. La Virgen sigue ejerciendo su maternidad hoy, aquí entre nosotros, de una manera viva, real, actual e infalible; pues María es infalible.

 

4:María nos ofrece el don de la consagración a su Sagrado Corazón, orientando nuestro caminar para vivir esta gracia, que el Señor, a través de su Madre Santísima nos ofrece para hacer más rápido, más seguro, el camino a la santidad; para que descubramos que la santidad no es, sobretodo una exigencia, sino, ante todo, una gracia; una gracia llena de los esplendores de la luz del Cielo; una gracia que debe de tal modo entusiasmar al creyente que todos los precios necesarios, le resulten pequeños en comparación con ese don."

Dios nos llama a la santidad: "Sean perfectos, como el Padre celestial es perfecto". La santidad es algo imposible para nuestras fuerzas: solamente Dios puede santificar. Es pura gracia, puro regalo. María nos invita a dejarnos conducir por Ella que es Madre de la Gracia, y plenamente santa... La consagración a María es aceptar que Dios nos tome de la mano, y nos lleve a ser santos, como Dios es santo. Ella más que nadie conoce el modo. No todos entenderán este camino; pero es el camino excepcional que Dios quiere darnos.

 

5:La consagración, más que exigencia, es una gracia...No es una carga, sino un don que Dios hace. El se hace cargo de nuestra miseria, la asume y nos hace posible consagrarnos a Él...

Jesús lo dice: "Mi yugo es suave, mi carga liviana"…Todo lo que hacemos, lo que somos, lo que tenemos, se lo entregamos a la Virgen;

Nuestra misión de consagrados es hacer conocer y dar testimonio de esta gracia a los que no conocen aún qué significa. Que nuestros hermanos reciban también la gracia que hemos recibido.Entonces no lo verán como algo inalcanzable: es una entrega de amor, respondiendo a una entrega de Jesús y de María.

Tenemos que aceptar nuestra pobreza para que Dios nos haga como es Él. Dejar que Dios nos divinice. El que con humildad de corazón se acepta totalmente pobre, es divinizado por Dios: es hecho santo. El bautismo nos ha hecho partícipes de la naturaleza divina y la santidad es un continuo crecimiento de esa Gracia.

San Nicolás es una escuela de Consagración a la Virgen. Ella desde aquí ofrece ese camino ofrecido en Fátima, como garantía de su triunfo, y garantía de una humanidad nueva, restaurada, rehecha por la Gracia. En momentos muy difíciles María esta ganando la batalla contra el demonio, y la consagración es el gran camino.

Predicar la Palabra de Dios nos obliga a una coherencia entre lo que decimos y lo que realmente somos; por eso los consagrados estamos llamados a una constante conversión.

 

6:Nos dice María del Rosario: (23-11-87) “Hijos míos: Dad vuestra prueba de que amáis a esta Madre,Consagrándoos a Su Corazón. En la Consagración el hijo se entrega a la Madre y Ella a su vez, será su refugio y su Consuelo, porque es el Arca, donde los hijos depositan el corazón.

Responded a Mi llamado, responded a Mi pedido, veréis que tiernamente seréis conducidos por Mí. Amén, amén.”

 

 

“¡Oh Madre! Quiero Consagrarme a Ti.

Virgen María hoy Consagro mi vida a Ti.

Siento necesidad constante de tu presencia en mi vida,

para que me protejas, me guíes y me consueles.

Sé que en Ti mi alma encontrará reposo

y la angustia en mí no entrará,

mi derrota se convertirá en victoria,

mi fatiga en Ti fortaleza es”.

Amén

 

A todos mis hijos que se Consagren a vuestra Madre, os digo: “Mi corazón recibe gozoso esa entrega, ese amor que ofrecéis porque son almas que se salvan de las garras del mal mereciendo la Gloria Eterna, la Gloria del Señor. Amén. Amén.

Dadlo a conocer. Que esto sea meditado, quiera Dios iluminar vuestros espíritus para que lleguen a comprender el valor de la Consagración.

 

7-9-84 – Mensaje 275

 

 

 

 

Oh hijos míos, quiero corazones fieles y firmes, que no tiemblen, que se Consagren deseando comenzar a ver cómo el Señor os permitirá vivir en Él. Generalmente el hombre cree que está con Dios, sin hacer nada, olvidando su Ley, eso es vivir falsamente, estar con Dios es no abandonar por ningún motivo su Camino, siguiéndolo y teniendo la seguridad que Él está dentro y sentir intensamente que se está en el Señor.

Amén. Amén

Leed: Tito C. 1, V. 15 y 16 y C. 2, V. 11 al 15.

 

7-11-84 – Mensaje 362

   
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