LA MISIÓN EVANGELIZADORA
Nuestra consagración a Dios por medio de María, nos ubica en la Iglesia y ésta es esencialmente misionera. Estamos llamados a santificarnos en la caridad. María está en el corazón mismo de la Iglesia. Renovadamente, la llena de su propia vida de Madre, la oxigena, bajo el impulso del alma de la Iglesia que es el Espíritu Santo.
El consagrado, que vive en el Corazón de María, también hace esto; intenta imitar a la Virgen: vitaliza a la Iglesia, la oxigena, la anima, como el corazón al cuerpo; María lo hace partícipe de su carisma. María anima a la Iglesia y el consagrado también anima a la Iglesia, como Ella, porque es hijo de su Corazón.
Como expresión de amor, el Corazón de María muestra el amor del Hijo, a los hijos, y esta es su tarea misionera: Amar y mostrar el Amor. María consuela y contempla; sirve a sus hermanos en Cana y en Nazareth. Comparte la Palabra con los Apóstoles; tiene un papel de Corredentora, junto a la cruz del Señor.
Esta es también nuestra tarea misionera: amar desde Dios, a los hombres, hasta dar la vida por ellos, hasta esa plena disponibilidad. Mostrarles cómo y cuánto los quiere Dios.
Jesús les dice a los apóstoles:"Vayan por todas partes", anuncien a todos los hombres y a todo el hombre el evangelio. Los mandó de dos en dos, para que viviesen el testimonio de la comunión fraterna, y ese testimonio fuera un signo muy claro de comunión que se ofrece a los demás.
No lleven nada para el camino. Estén libres de todo y de todos; es decir que no nos atemos, a las cosas, a las personas; que estemos libres, interiormente libres.
"No saluden a nadie en el camino", no estar distraído, no estar ocupados en cosas irrelevantes, cuando hay un tiempo precioso que debemos gastar en el Evangelio. Cuando entren en una casa - dice Jesús - saluden, deseen la paz, esa paz es fruto de la Misión en quien se deja misionar por la Palabra.
O no hablar o hablar de Dios decía santa Teresa. Buscaba que no hubiera una ruptura del silencio interior, de la interioridad. Es el gran peligro, vaciarnos. Vaciarnos de Dios, vaciarnos de las cosas santas, caer en la superficialidad. Don Bosco decía: Dame almas y llévate lo demás. Nuestra principal tarea de misionero, es salvar a las personas, llevarlas al cielo. Toda cosa que no vaya dirigida a esto, hay que analizarla.
Han recibido gratuitamente. Todo es gratuito: la vida, el Bautismo, la misión, la vocación, la enseñanza, nosotros somos recíprocamente un regalo. Den también gratuitamente, no por dinero; no busquen intereses mezquinos en lo que dan. Nuestra recompensa es Dios y la propia acción evangelizadora. Por eso la pobreza va tan unida al evangelizador, porque muestra que él trabaja, no por los bienes de la tierra sino por los bienes del cielo en los cuales cree. Le basta lo necesario.
Con todo derecho dice San Pablo, puedo recibir de ustedes la paga por lo que estoy haciendo, porque el que vive del culto tiene necesidad también de ser sostenido, sin embargo, trabajo con mis propias manos para no ser carga para nadie.
Anuncien la Palabra, comuniquen la gracia recibida, formen comunidades fraternas, esta es la meta del evangelizador; reconcilien a los que están enemistados, recen, perdonen siempre, gócense en perdonar.
Ser solidarios con los más pobres, capaces de contagiar la alegría de la fe y de la fraternidad, que es fruto del amor y que también es causa de la alegría, y esta, es contagiosa. La Primera Comunidad se reunía todos los días en el templo para rezar y compartían entre ellos lo que tenían. Nosotros vamos a formar pequeñas comunidades.
¿La originalidad del evangelio dónde está? En la capacidad de vivir el mandato del amor; una nueva forma de relación humana, gracias a la efusión del Espíritu.
Cristo como Pastor, es el gran ejemplo del misionero. Busca la oveja perdida, cuida la unidad del rebaño, da siempre nuevos pastos; el Sacerdote, siguiendo a Jesús, da; cuida al rebaño del lobo, da la vida por las ovejas, las llama por su nombre, porque las conoce y ellas lo conocen a Él. Realiza obras de misericordia, ya sea en la promoción humana, ya sea supliendo lo que a veces el poder del Estado no hace, y urge como expresión evangelizadora, creando una mentalidad solidaria, entre los hermanos que recíprocamente se necesitan.
Evangelizar las culturas; es decir, intentar que los contenidos del evangelio, lleguen a
descubrirse como un estilo de vida propio e inmensamente rico en contraposición a todos los modos o estilos de vida fijados en el egoísmo, en el poder, en el tener, en el placer. Evangelizar es crear una mentalidad de cambio, y lo hará el Espíritu Santo y nosotros somos sus instrumentos.
Lo más importante del apóstol es la santidad, a eso estamos llamados. El signo más
evangelizador, es la comunión de quienes evangelizan; esto muestra la santidad de vida.
Una actitud esencial del evangelizador misionero es la pobreza. Justamente porque la
obra es muy grande no se apoya en medios humanos, sino en el Señor. Es Él, el que hace la obra. La pobreza interior, la pobreza de corazón es base fundamental.
Una herramienta infalible: la oración, unida a la conversión, alimentada por la Eucaristía.
Don Bosco hablaba mucho de la oración y la templanza. La templanza para él, era toda una serie de pequeños actos de sacrificio, de mortificación voluntaria que iban templando
la voluntad del misionero para que cuando llegara el momento de una exigencia grande, su voluntad estuviera en condiciones de responder a Jesús.
El problema humano que aparece con mucha frecuencia es una voluntad débil, una voluntad frágil, una voluntad pobre, porque no se la disciplinó. Crear el hábito de una voluntad disciplinada, al servicio del Plan de Dios.
Las actitudes del Pastor: que tengan vida y la tengan en abundancia, esa es su meta;
que haya enorme capacidad de diálogo, que supone sobre todo escuchar mucho; una fuerte capacidad de compasión, sobre todo con los más débiles, aunque no podamos hacer nada por ellos, saber quererlos. Atender a todos los hombres y a todo el hombre, “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y la Virgen dirá "No es pobre el que carece de pan sino en que carece de Dios".
El misionero no se cansa de evangelizar en toda situación humana. Con la palabra
y los gestos de misericordia, san Pablo dirá: predica oportuna o inoportunamente. Hacerse pobre cada día para poder amar preferentemente a quienes en su pobreza, nos parezca que son los preferidos del Señor y a quienes Él, especialmente nos está enviando. San Pablo dice: soportar las pruebas con paciencia incansable; aquí tenemos una actitud penitencial de cada día, soportar las pruebas, orar y dar la vida por nuestros hermanos.
Ofrecer los dolores, las tribulaciones, las frecuentes contrariedades del apostolado, ofrecer el fracaso de ciertas cosas.
Todo esto, Dios lo convierte en gracia. Lo que para mí es un fracaso, Él lo toma y si lo hicimos con amor, entonces no fracasaremos.
El misionero es hombre de consejo, que desde la Palabra ilumina cada situación que se plantea y desde la propia experiencia, porque Dios lo aconseja a él. Orienta la marcha del rebaño; él oye su voz y la distingue; el Pastor es capaz de inmensa misericordia. Esto es fundamental, imprescindible; manifestar todas las formas de misericordia. Debe haber una fuerte capacidad de comunión con los demás hermanos; el rebaño es de Jesús. Aunque nos dejen solos no dejaremos solos a nadie.
Pro. CARLOS A. PÉREZ
Rector del Santuario |
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