ESPÍRITU QUE ANIMA LA VIDA DEL CONSAGRADO
Al hablar de la consagración al Sagrado Corazón de María, lo haremos a la luz de lo dicho anteriormente, sobre la manifestación de la Gloria de Dios; en este tiempo nuevo, era de Gracia que estamos llamados a vivir, en esta revitalización de la Alianza donde María es la nueva Arca de Salvación.
1- Contemplación de la Gloria: La Consagración implicará introducirnos en el Sagrado Corazón de María, que como Arca de la Alianza Nueva en el seno de la Iglesia nos engendra a la Vida en su Recinto Sagrado; nos alimenta y nos cuida, nos conduce y nos invita a maravillarnos, con ánimo agradecido, de la gloria de Dios que reside en Ella. Esa gloria se hace visible en la santidad que Dios le regaló, al hacerla “Llena de Gracia” y constituirla en morada de Dios para los hombres. También la gloria de Dios se manifiesta aquí y ahora, cuando María nos hace partícipes como Madre de Cristo, de la Gracia de la Salvación, que nos viene de su Hijo. El Consagrado vive crecientemente, en el Corazón de su Madre, el gozoso encuentro con Dios, que es el tesoro escondido, por el cual vende todo lo que tiene para poseerlo.
2- Santidad personal : Como fruto de este glorioso encuentro, el Consagrado asume el compromiso, de ser testigo de la gloria de Dios, que aparece en el Corazón de María y en su misión salvadora, haciendo la profunda opción, de imitarla en una vida de santidad personal. La Consagración nos lleva a identificarnos como María, con los sentimientos del Corazón de Cristo, buscando la gloria del Padre, en el cumplimiento de Su Voluntad, haciéndonos perfectamente “hijos en el Hijo”, en el Corazón de María. La Madre, también cantará como el Consagrado, las alabanzas de Dios que lo quiso hacer partícipe, de una manera inefable, de la gloria de la Redención. La oración de alabanza, será su oración preferida, cantando con María las maravillas de Dios, en un permanente "Magníficat", que será la consecuencia del "si", que le dio al Señor.
3- Misionero de María: El Consagrado se hace misionero y se hace testigo en este tiempo nuevo, tiempo de Gracia, de Alianza, de Misericordia y de triunfo de Dios sobre los poderes del mal; se pone al total servicio de María, en la Consagración definitiva del mundo a Dios. Su vida de Consagrado, además de ser un canto a la Gloria de Dios y un testimonio anticipado de la futura gloria, que nos espera en la eternidad, implica un total compromiso de vida; estará al servicio de la misión de María, que lo hace instrumento de Alianza en favor de sus hermanos, los hombres, para que ellos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. El Consagrado, será testigo de la esperanza del triunfo de Cristo y de María y la proclamará a sus hermanos.
Palabra y Misericordia: como misionero de María, el Consagrado
está urgido a proclamar la Palabra de Dios en todos los ambientes
luego de haberla encarnado en su propia vida, como María.
También acompañará, con gestos de misericordia la proclamación de
la Palabra, compadeciéndose de los que sufren, socorriendo, ali-
mentando, enseñando, como lo hizo Jesús y como lo hizo María.
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