CAPITULO IV
“MARÍA ES MADRE Y MAESTRA DE NUESTRA VIDA CRISTIANA”
- NOS HACE CRECER:
María, en su Sagrado Corazón, nos hace crecer espiritualmente. Lo que se propone, es encender gradualmente, el amor de nuestros corazones para que arda en ellos el Amor de Dios. (Ver M. 1269)
En ese itinerario necesita que le entreguemos nuestra vidas totalmente, para que Ella, dentro de Su Corazón, nos vaya purificando y cuidando con celoso Amor de Madre. (Ver M. 1271).
En efecto, la fuerza y Amor de Su Corazón arrasará con toda forma de mal que intente destruirnos y Ella nos dará una especial seguridad frente a los ataques del adversario, si antes nos hemos dejado introducir en Su Sagrado Corazón. (Ver M. 1296)
María moldeará y guiará hacia Su Hijo, a los hijos que se abandonen generosamente en su Corazón de Madre, pues, se hace camino para que el Amor Misericordioso del Hijo sea recibido a través de Su Corazón Maternal, por cada uno de los Consagrados, ya que en la Cruz del Hijo nos heredó como hijos. (Ver M. 1374)
- NOS INVITA A UN SI TOTAL:
Ella nos invita a ser generosos en la entrega de nuestra libertad, pues todo lo puede, pero no puede si el corazón no quiere. Para ello nos asistirá mucho en la oración y en la conversión de la vida.(ver M. 1373)
Espera de nosotros, en efecto, un definitivo “Si” y por eso nos invita a que nos hagamos pequeños y confiados como Ella, y así experimentaremos el gozo de vivir en Dios. (Ver M. 1301)
Es en su Corazón de Madre, donde como Maestra nos promete enseñarnos a descubrir y cumplir la voluntad del Padre.
La humildad, la docilidad interior, la atención a su voz de Madre, la total confianza puesta en Dios, expresarán la perfecta entrega al Señor.
María nos dice:
"Bienaventurados los humildes, porque solamente en los corazones humildes, puede obrar esta Madre." (M. 1467)
Y nos invita a una especial interioridad de vida cuando nos dice:
"En la confianza, encuentro el amor de mis hijos; en el ofrecimiento, la entrega; en el abandono, la verdadera pequeñez y humildad de mis hijos." (M. 1501)" |