Fiestas litúrgicas
  
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Solemnidad de Todos los Santos, 1 Nov
y Conmemoración de los Difuntos, 2 Nov

 

Transfiguración de Jesús

Solemnidad de Todos los Santos, 1 de nov.

Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario. Por eso nos regala esta solemne fiesta de Todos los Santos que abarca a todos nuestros hermanos que ya están en el cielo. Multitudes de santos desconocidos por nosotros pero amadísimos de Dios. Entre ellos familiares nuestros, amigos, vecinos... 
La fiesta de Todos los Santos no es solo recordar sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad según nuestros propios estados de vida, de consagración y de servicio. El Concilio Vaticano II, en el capítulo V de su Constitución dogmática "Lumen Gentium" lleva por título "Universal vocación a la santidad en la Iglesia".  Dios nos creó para que seamos santos. Según Benedicto XVI  "El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo".
Desde la Iglesia primitiva, los cristianos siempre hemos venerado a los mártires porque reconocemos su virtud heroica. Al guardar en nuestros corazones sus memorias y su ejemplo, nos animan a vivir también nosotros la radicalidad del Evangelio. Es por ello que se guardan sus reliquias. Estas pueden ser partes de sus cuerpos o de sus ropas u otros artículos asociados con ellos. Vemos como los cristianos del primer siglo guardaban hasta las ropas y pañuelos que San Pablo hubiese tocado (Hechos 19,12).

Durante la persecución de Diocleciano (284-305) hubieron tantos mártires que no se podían conmemorar todos. Así surgió la necesidad de una fiesta en común la cual se comenzó a celebrar, aunque en diferentes fechas, a partir del siglo IV.  
La Roma pagana observaba el fin del año el 21 de febrero con una fiesta llamada Feralia, para darle descanso y paz a los difuntos. Se rezaba y hacían sacrificios por ellos. Con la cristianización del imperio, los Papas pudieron remplazar las prácticas paganas. El 13 de Mayo del 609 o 610, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón Romano (donde antes se  honraba a dioses paganos) para ser templo de la Santísima Virgen y de todos los Mártires. Fue así que se comenzó la fiesta para todos los santos. Gregorio III (731-741) la transfirió al 1ro de Noviembre. Gregorio IV (827-844) extendió esta fiesta a toda la Iglesia.
Los Ortodoxos griegos celebran a todos los santos el primer domingo después de Pentecostés. 

Lamentablemente muchos mezclan la Fiesta de Todos los Santos con costumbres paganas como Halloween que se celebra en la víspera.

Conmemoración de todos los difuntos, 2 de nov.

Al día siguiente de la Fiesta de Todos los Santos, la Iglesia Católica celebra, el 2 de noviembre, la Fiesta de los Difuntos. La Iglesia recuerda la enseñanza de San Pablo, que somos una familia en que todos estamos llamados a la santidad.
Pero, ¿Quienes entre los difuntos están en el cielo? No podemos saber con certeza a no ser que hayan sido canonizados. Por eso rezamos por todos los difuntos. Esta oración beneficia a las almas que están en el purgatorio. Intercedemos por ellas para que pronto se encuentren con el Señor en el cielo.
Es antigua costumbre cristiana visitar los cementerios el día de los difuntos, se arreglan las tumbas de los difuntos con flores y se reza por los ellos; en las casas se hablaba de la familia, de todos los vivos y de los que habían pasado a otra vida.  Se consumían dulces especiales, como en España los buñuelos de viento.
La abadía de Cluny, origen de la fiesta litúrgica de los difuntos
Aunque la costumbre de orar por los difuntos y celebrar misa por ellos es tan antigua como la Iglesia, la fiesta litúrgica por los difuntos se remonta al 2 de noviembre de 998 cuando fue instituida por San Odilón, monje benedictino y quinto abad de Cluny en el sur de Francia.
En el siglo XIV, Roma adoptó esta práctica. La fiesta fue gradualmente expandiéndose por toda la Iglesia.

El Papa Benedicto XV dio el privilegio a los sacerdotes de ofrecer tres Misas en ese día - una por las pobres ánimas, otra por las intenciones del Papa y la otra por las intenciones del sacerdote. Esta costumbre comenzó en España en el XV siglo.

El Papa, en un mensaje que envió al obispo Raymond Séguy, abad titular de Cluny el 12 de octubre del 1998, señala que en ese año se celebra también el centenario de la fundación de la Archiconfraternidad de Nuestra Señora de Cluny, encargada de rezar por las almas del purgatorio, y el XL aniversario de la publicación del boletín «Lumière et vie» (Luz y Vida), que promueve la oración por los difuntos.
Juan Pablo II recordó que «San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal».

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